Gracias

Salgo de casa, voy al parque con Claudia, mi nieta, que se le ha metido entre ceja y ceja que vayamos a dar el paseo, el otro, Guille, se queda en casa con la abuela. Repartición de tareas que se llama.

Nos vamos a Castelar donde se encuentra con unos amiguitos del colegio y se suelta a jugar con ellos.

El abuelo, se sienta en un velador a tomar una cañita. Ya es cerca de la una y hace calor. A la sombrita.

Me ponen la cerveza y veo venir a una chica de unos veintipocos años empujando a un señor mayor en una silla de ruedas.

Paran y se colocan en la mesa de al lado.

El señor tendrá unos ochenta años y la chica le acerca la silla para que esté cómodo frente a la mesa, se sienta ella y el camarero le pregunta.

- ¿Abuelo, tú que quieres?

- Una Coca cola.

- ¿Por qué no mejor una cerveza, la coca tiene mucho azúcar?

- Buenooo

- ¿Nos pone dos cañas por favor?

Y la chica mientras le coloca el cuello a su abuelo, empieza a conversar con él.

Pero con cariño. Se notaba que la nieta estaba a gusto y que para nada era una obligación el estar allí, y no en otro lugar diferente.

Me quedo pasmado mirando como la muchacha atiende a su abuelo y hasta me parece que me estoy pasando en la observación.

Al cabo de una hora, nos toca irnos para casa, llamo a Claudia, que se hace la remolona, y no puedo evitarlo antes de irme.

Me acerco a la chica y le pregunto:

- Te puedo dar un beso?

Se sorprende, pero me contesta rápidamente

- Si claro.

Se lo doy y le digo casi al oído:

-Gracias, muchas gracias.

Y estoy seguro de que sabe porqué se las doy....










Comentarios

  1. Muy emocionante... y esperanzador... abrazo hermano...

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  2. Afortunadamente... no todo está perdido, amigo Vivas. Estos gestos nos reconcilian con la especie humana.

    Un saludo

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