Un cigarrillo en Sodoma


Otro articulo de Perez Reverte que tienen que leer mis amigos. Fijaos, lo sencillo que es tener esperanza en nosotros mismos, cualquier detalle....
"Caminas por Madrid, en plena huelga de limpieza. Calles hechas una lástima, papeleras volcadas, suciedad desparramada por el suelo. Apropiada imagen, o fiel metáfora, de la España que tenemos y la que vamos a tener. Turistas asombrados haciendo fotos del desolador paisaje de desperdicios. Piquetes informativos -no hay eufemismo más idiota que ese informativos- vaciando contenedores de basura en mitad de la calle, aunque la basura no tenga relación directa con el asunto. Hace diez minutos, en un parque infantil con toboganes y columpios, acabas de ver a dos energúmenos, provistos de bolsas cogidas de un contenedor, cubrir de porquería la arena donde juegan los niños. Hacerlo con toda tranquilidad, metódica y deliberadamente, mientras, de la veintena de personas que andabais por allí, sólo una señora de cierta edad, una chica joven y tú mostrabais desaprobación. Y la respuesta de uno de esos animales fue para retenerla en mármol: «Que se jodan. Otros niños pasan hambre y no pueden jugar». Una de esas escenas, en fin, que de no saber, como sabes, que varios piqueteros detenidos estos días no son trabajadores de las empresas en huelga, sino camorristas agregados como refuerzo por algún sindicato del langostino, te haría desear, instintivamente, que a los huelguistas les dieran bien por la retambufa, hasta partírsela. Lo que pasa es que tienes la certeza de que los huelguistas -me refiero a los honrados de verdad, no a esos miserables del parque infantil- tienen razón, que el Ayuntamiento y las empresas pretenden jugarles a los limpiadores la trampa del chino, y que de alguna forma hay que plantar cara y decir basta. Así que te resignas, una vez más, a ser rehén de los desesperados frente a los golfos de siempre.

Todo eso, claro, te hace estar de mal humor. Caminas sorteando desperdicios, maldiciendo para tus adentros en arameo. Acabas de pisar una fruta pocha que estaba en la acera, resbalándote la suela del zapato, en un tris de darte un leñazo de escayola y seis meses. Ya te ves fotografiado por la Nikon de un turista japo en su álbum familiar de Kyoto o de Hiroshima, o de cómo se llame el sitio: tú tirado en el suelo sobre un montón de basura, deslomado, mientras un tal Tadamichi Kuribayashi le dice a su cuñado mientras beben sake: mira qué cara de gilipollas se les pone a los españoles cuando resbalan y se pegan una hostia. Así que, como eres mediterráneo y tienes cierta facilidad barroca para el desahogo verbal, alzas el rostro hacia una altura conveniente y reniegas en voz alta y clara de la huelga de limpieza, de la basura, del ayuntamiento, del relaxing cup de café con leche, del imperio del sol naciente y de la madre que lo parió. Y luego, ya tomada carrerilla, extiendes la cosa blasfematoria a las cuevas de Altamira, a la dama de Elche, a Santiago Matamoros, a la España de Quevedo y la de Galdós, al ministro Montoro -cualquier ocasión es buena para blasfemar sobre ese tío-, al retablo de San Prepucio y al copón de Bullas. Y acabas deseando que llueva napalm y que de una vez nos vayamos todos, ya que tanto nos empeñamos, a tomar por saco. 

Es ésas andas, como digo. Calentándote sobre la marcha, con los ojos inyectados en sangre y aire homicida, de manera que si en ese momento encontrases al paso una armería, igual te metías dentro, te llenabas los bolsillos de cartuchos y al rato salías en los periódicos en plan Rambo, pumba, pumba, lo que hace la edad, al Reverte se le fue la olla e hizo un pleno al quince. Y así andas, desolado, cuando ante un semáforo en rojo ves a un hombre joven que fuma. Lleva una chaqueta sin corbata y sostiene en la otra mano un maletín negro. Sus zapatos están limpios. Está parado junto a una papelera a la que algún piquete informativo informó arrancando de su soporte, del que sólo queda en pie la carcasa. Papelera rota y contenido están tirados por el suelo. El hombre joven sigue fumando tranquilo entre toda aquella suciedad, esperando que se ponga en verde la luz del paso de peatones. Y en un momento determinado, consumido el cigarrillo, se vuelve con la colilla entre los dedos, mirando incómodo la basura que lo rodea. Y al ver el pequeño cenicero que la carcasa de la papelera rota todavía conserva encima, lo apaga ahí con mucho cuidado, pulcramente, dejando la colilla antes de cruzar el paso de peatones, que ya está en verde. Y tú te lo quedas mirando con admiración mientras se aleja, consolado de pronto como si un analgésico te recorriese las venas. Reconciliado con el mundo, con Madrid y con la vida, porque hoy has visto a un hombre bueno fumando un cigarrillo en una calle de Sodoma."    

Comentarios

  1. Parece que todavía quedan periodistas de verdad

    ResponderEliminar
  2. Todavia quedan personas de verdad. Menos mal, porque si no esto seria una ruina.

    ResponderEliminar
  3. Leer a este hombre te hace recuperar la fe en el periodismo. Gracias, Paco por traernoslo de vez en cuando

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Antonio, ¿como va todo?. Y el chaval me imagino que poco a poco mejorando. Un abrazo.

      Eliminar
  4. La esperanza es lo ultimo que se pierde... dicen.
    Exelente articulo... aunque yo no fumo. :)

    Saludos cordiales tocayo Vivas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenos días tocayo, gracias por entrar .

      Eliminar
  5. Lucidez en estado puro...
    Me niego a creen que, en este país, que históricamente se caracterizó por la crítica más feroz al poder establecido, los "intelectuales" (salvo honrosas excepciones) permanezcan "anestesiados" (como el resto de la sociedad, por otra parte) y cómodamente instalados en su poltrona sin sacudir conciencias ni denunciar el estado general de las cosas.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Si quieres insultar, este no es tu blog. Gracias.

Entradas populares de este blog

Ya sólo me queda uno

¡Viva España!

Barcelonistas forofos