La pasión que se pierde....






Trasladaba esta mañana al Facebook una amiga mía  que lo importante en esta vida es tener una pasión, por pequeña que sea, pero una pasión por algo.

Y es cierto, es más, es lo único que da sentido a nuestra existencia.

Ciertamente, la edad influye mucho en tener o no tener pasión por algo. A menos años más pasión y más ímpetu tienes para hacer cosas. 

Cuando pasan los años, y más por los desengaños que te llevas que por otra cosa, poco a poco se van yendo las ganas de tener algo que te apasione tanto como para dedicarte de lleno a disfrutar de la vida.

Así que cuando esto sucede, cuando te levantas, vas a trabajar, comes, vuelves a ir a trabajar y vuelves para acostarte, realmente es que todo se ha acabado.


Recuerdo cuando teníamos la pasión por el golf. 

Aquello era para verlo. 

Impresionante, madrugones a las seis de la mañana para ir a Portugal a jugar. 


Pero con una alegría que había que estar allí para creérselo. 300 kilómetros para allá, los mismos de vuelta, cansados como perros, pero más contentos que unas castañuelas y pensando en la próxima.

Sólo por eso merecía la pena estar vivito y coleando.

En un momento determinado la cosa empieza a flojear, recuerdo que en una web que creamos para la Peña de Golf, más de una vez escribí que no nos relajáramos, que estábamos cerca de los cincuenta y esa pasión, ese vicio, se nos podía acabar a la fuerza. Es decir que íbamos a tener que dejarlo obligatoriamente y por motivos de índole superior. Y los animaba a no desfallecer en el empeño de disfrutar lo máximo posible.

Ni eso ha sido necesario. Antes de lo previsto, y por diferentes motivos, ya no hay golf, ya no hay web que retocar, ya no hay desayunos de madrugada, ya no existe el espíritu de la competición que tanto nos excitaba. Ya no hay nada. 

No digo que se hayan perdido amigos, porque al final resulta que amigos, amigos, había uno o ninguno, no me acuerdo.

Así que el panorama es desolador. 

Salida el viernes de trabajar y ya volveremos a salir el lunes para volver al trabajo. 

Pensamientos negativos sobre todo, desesperanza, desilusión, desengaños, todo ha influido para entrar en esta situación, de la que solo se salvan los que tienen una neurona y en un sitio que yo me sé, y que se acercan más a la figura de un chimpancé que la de un ser humano.

Los chimpancés se enfadan de vez en cuando, pero cuando le ofreces el plátano  se lo vuelven a comer, aunque venga de la mano del que le dio una paliza.

Pero por suerte, al cabo del tiempo me nace una nueva pasión. Una pasión mucho más grande y placentera.

Ahora, antes de ir a trabajar, cuento los minutos para ver llegar a mis dos nietinos y darles un par de achuchones que se cagan. 

¿Que mayor placer que ver crecer a estos personajillos?.

Por lo menos, me consuelo pensando que cuando sean mayores, y se conviertan en lo que nos convertimos la mayoría de la gente ya no estaré para poner el cuerpo. Me habré ido con el sabor de su inocencia y convencido de que van a ser buenas personas.

Lo otro, lo otro, sí se fue al carajo. 

Que le vamos a hacer. ¡¡¡Con lo bien que me lo pasaba!!!.

En fin, para otra vida, aprenderemos.......

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